Estas son las oraciones, remitidas por Antonio Altarejos, que nos reconfortaron en los duros momentos de la separación física:
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TÚ ERES LA VIDA, SEÑOR
Aunque nos digan que estás muerto
Aunque parezca difícil entender nuestro final feliz
Aunque nos aseguren que es imposible
TU ERES LA VIDA, SEÑOR
Porque Tú saliste victorioso
Porque tus palabras eran y son eternas
Porque tus caminos son caminos hacia el cielo
Porque siempre detrás del monte está un horizonte
TU ERES LA VIDA, SEÑOR
Gracias por tu amor
Gracias por tu presencia
Gracias por tus promesas
Gracias por la fe
TU ERES LA VIDA, SEÑOR
Ante la muerte, eres vida
Ante la tristeza, eres alegría
Ante la duda, eres la fe
Ante el llanto, eres amigo que reconforta
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Señor Jesús,
te damos gracias por haber llamado a la vida y a la fe
a nuestro hermano Arcadio.
Él, alimentándose con el Pan de Vida,
supo responderte, con un corazón entero.
Te pedimos por su intercesión que te acuerdes
de los que todavía peregrinamos en este mundo.
Que también nosotros podamos aprender de él:
su amor decidido a la familia y a la tierra,
la entrega generosa y alegre a todos los hermanos,
su espíritu de reconciliación y comunión.
Para que un día celebremos
junto a él y todos los santos
la Pascua eterna del cielo.
Amén
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